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Artículo de evaluación

El polígrafo: mentiras sobre La Máquina de la Verdad

Detector verdad mentira polígrafo
MEZCLA
20 Marzo 2017
En películas, series e incluso programas de televisión, ese aparatoso instrumento es muchas veces empleado como criterio máximo de verdad. El invitado o protagonista se coloca unos electrodos en distintas partes del cuerpo, y del registro gráfico en papel se concluye de forma incontestable que “miente” o “dice la verdad”.

 

Parece que no hay lugar a dudas y uno debe creer ciegamente los resultados de la llamada Máquina de la Verdad. Pero si este método fuese tan fiable, ¿cómo es que no tiene una aplicación real a nivel forense? ¿Por qué no se ha integrado en la sociedad para discernir quién miente y dice la verdad?

 

Hablemos del polígrafo y de por qué su eficacia es meramente anecdótica.

 

¿Qué es un polígrafo?

Un polígrafo (del griego “grafo”, como registro escrito, y “polys”, mucho, literalmente “que escribe mucho”) es una máquina que  mide y registra varias funciones fisiológicas de una persona, como la presión sanguínea, la frecuencia cardíaca, la frecuencia respiratoria y la conductividad eléctrica de la piel (que se altera por el sudor de la misma), mientras al sujeto se le somete a una serie de preguntas y se le pide que conteste.

 

contenido esponsorizado

El polígrafo fue inventado en 1921 por John Augustus Larson, un estudiante de medicina de la UCAn en Berkeley, en colaboración con un oficial de policía de la misma ciudad, en estados Unidos. [1]

 

Desde su origen, tuvo una aplicación fundamentalmente policial. El objetivo era medir los síntomas del nerviosismo en los interrogados, y a través del análisis de los valores fisiológicos mencionados (presión sanguínea, pulso, etc), poder inferir si decía o no la verdad.

 

 

 

¿Cómo funciona el polígrafo?

El funcionamiento de una sesión es relativamente sencillo. Al interrogado se le conectan los sensores que miden las diversas variables (una cinta en el pecho para medir los latidos y la respiración, electrodos cutáneos para medir la sudoración, manguitos para la presión arterial) y se le hace sentar cómodamente para mantener durante un buen rato una conversación tranquila con el entrevistador.


Este primer contacto sirve como “control” de variables fisiológicas en estado de relajación. Cuando el paciente esté tranquilo y receptivo, se comienzan haciendo preguntas de todo tipo, desde las más obvias (“¿Cuál es su nombre?” o “¿Tiene usted hijos?”) y se suceden diversas cuestiones que van desde lo comprometido hasta lo irrelevante, desde lo fácil hasta lo complejo, según las intenciones del proceso y la información que desea obtener quien maneja el polígrafo.


Muchos entrevistadores prefieren formular preguntas que sólo admitan una respuesta afirmativa o negativa, sí o no, para evitar que el discurso del entrevistado pueda confundir las respuestas.

Toda la “ciencia” del polígrafo se basa en considerar que la mentira produce invariablemente una misma respuesta fisiológica, independientemente del sujeto.

 

El sencillo fundamento es que una persona en una situación incómoda y comprometida sentirá inquietud. Ese miedo en su cuerpo disparará una serie de síntomas asociados a la ansiedad (activación del sistema nervioso simpático para la clásica reacción de “lucha o huida”) En ese caso, al mentir, el sujeto no podría evitar ponerse nervioso por el miedo a las consecuencias de su mentira, y por tanto, daría siempre unos síntomas que el polígrafo registraría e informarían de que lo que dice es mentira.
 

Pero en último término, lo que mide el polígrafo no es la mentira, sino la ansiedad. ¿Significa que si estás nervioso es porque estás mintiendo? ¿Acaso no puedes estar ansioso por todo el proceso, y eso traducirse en el polígrafo como que mientes (falso positivo)?


¿Y si mientes desde la más absoluta tranquilidad porque eres un psicópata (falso negativo)?

 

¿Y si estás convencido de tu mentira porque te han hecho creer eso y dices algo contrario a la realidad también con mucha calma? En este último caso no se pondría en duda la validez del polígrafo, ya que aunque la máquina fuese 100% efectiva, no tiene otro objeto más que medir la verdad según la creencia de la persona. De otro modo sería un oráculo.
 

Uno de los mayores inconvenientes del registro poligráfico son los umbrales. ¿A partir de qué frecuencia cardíaca se considera ansiedad por mentir? ¿Cuál es el límite de respiración acelerada?

 

Por no hablar de la profunda subjetividad que entraña la disociación entre los síntomas fisiológicos (que pueden estar alterados por hambre, sueño, cafeína y demás) y las  creencias, intenciones, valores morales, estrés... propios del sujeto.
 

Entonces, ¿el polígrafo realmente funciona y es útil?

En 1983 el Departamento Estadounidense de Defensa pidió al Congreso un exhaustivo informe sobre la eficacia del polígrafo a la Oficina de Evaluación de Tecnología, (OTA, Office of Technology Assessment). Informe que se puede consultar públicamente y que tras una extensa revisión de la evidencia disponible concluye, y cito textualmente: [2]


“La gran variabilidad de resultados observada tanto en las revisiones anteriores como en la propia búsqueda de la OTA en estudios individuales hace imposible determinar una medida cuantitativa general sobre la validez del polígrafo”

En otras palabras, que si funcionara de una manera clara y eficiente, los estudios ya lo habrían demostrado. Pero parece que es una prueba sin un claro fundamento científico.

 

La fiabilidad de sus resultados dependen en gran medida de la destreza del interrogador a la hora de hacer las preguntas, y de la vulnerabilidad del entrevistado a la hora de contestarlas.

 

Porque uno puede entrenarse para “vencer al polígrafo”

En 2002, una publicación de la National Research Council aportó que el polígrafo era  efectivo “en población sin entrenamiento en contramedidas  y en interrogatorios muy específicos respecto a un incidente” [3]

 

En el resto de supuestos generales, todos los estudios concluyen en la misma dirección. Que no posee una efectividad suficiente. [4]

 

Todos los espías o criminales que han “superado” el polígrafo, comentan que la clave está, en primer lugar, en no dejarse intimidar por la máquina ni por su supuesta “fiabilidad”.

Los entrevistadores deliberadamente crean un ambiente de control, donde su influencia resulta poderosa para que contestes la verdad.  El consejo más sencillo y útil fue el que solía dar Aldrich Ames (Agente doble de contrainteligencia de la CIA y la KGB)  “Duerme bien, descansa, y acude a la prueba descansado y relajado. Sé simpático con el operador del polígrafo, establece una buena relación y muéstrate cooperativo. Sobre todo, mantén la calma y nunca te detectarán.”[5] Y, efectivamente, nunca le detectaron.

 

Conclusión

Un polígrafo es sólo un registro de variables fisiológicas, que pretende relacionar los síntomas del nerviosismo de una persona, con la veracidad de las palabras que pronuncia.
 

Actualmente, la variabilidad interpersonal hace que cada persona desarrolle unas respuestas fisiológicas diferentes para cada reacción psicológica. El único escenario donde el polígrafo resulta útil es para medir las constantes vitales en un deportista sometido a una prueba de esfuerzo.


¿Para lo demás? Una fiabilidad muy prescindible.

 

Como dijo el físico Robert Lee Park...

El polígrafo descubre incrementos abruptos en el ritmo cardíaco, la presión sanguínea y la sudoración. Por lo tanto, esta máquina es un detector muy fiable de orgasmos. Pero, ¿detecta mentiras?. Sólo si uno está fingiendo un orgasmo

 

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