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Artículo de evaluación

La verdad sobre las tormentas solares

Tormenta solar produciría emergencia en la tierra por plasma atravesando el campo magnético
FALSO
1 Abril 2017
Hace pocos días recibí en uno de mis grupos de Whatsapp un mensaje que anunciaba, otra vez, el casi fin del mundo.

El remitente decía: “por si acaso”, con toda su buena intención.


 

Grant tormenta solar llega a la tierra. Bulo de Whatsapp.

 

Es un bulo. Si hay una erupción solar el smartphone no te va a atacar, lo prometo. Dejando la ironía a un lado, este alarmante texto carece de fundamento científico y, sobre todo, de sentido común. Pero, al ver un titular así uno sólo lee “daños terribles” y lo comparte con la gente que aprecia y algún otro a quien quiera inquietar. Al menos, eso hacen las personas normales: clicar rápido no nos vaya a pillar la “tormenta” en medio de la difusión y se mueran todos, entre terribles sufrimientos, antes de que pueda tocar la pantalla…

 

Lo que anunciaba ese falso mensaje no va a pasar, aunque llegue a nosotros la erupción solar más intensa que se haya registrado (o no). De hecho, igual ya ha llegado pero el campo magnético de la tierra la ha absorbido, de manera que eventos que parecía que nos afectarían gravemente han pasado desapercibidos.

contenido esponsorizado

 

Así lo explica Hector Socas-Navarro, físico solar del Instituto de Astrofísica de Canarias [1]: “Todavía no podemos calibrar de forma precisa el efecto del plasma solar sobre la tierra. Dependemos de la tecnología, cada vez más avanzada, pero aún no contamos con recursos que permitan conocer a fondo qué sucede cuando el campo electromagnético del plasma expulsado por el sol choca con el campo magnético terrestre. De hecho, ocurre que aparentes grandes erupciones solares han llegado a nuestro planeta y no ha sucedido nada. Y otras que no parecían tan intensas sí han podido crear algún problema”.

 

 

SUMARIO: “Nuestros responsables políticos deben activar los mecanismos necesarios para afrontar un evento de este tipo, porque se producirá”. Hector Socas-Navarro, IAC

 

Las erupciones solares son fenómenos que se producen por una interacción muy compleja entre el campo magnético del sol y el plasma del sol, un estado de la materia con propiedades eléctricas y campos magnéticos muy potentes. Esta interacción genera que el sol expulse al espacio grandes masas de plasma electromagnético que puede golpear la tierra y otros planetas.

 

En el caso de la tierra no es tan grave gracias a nuestra pantalla de protección, un campo electromagnético que canaliza las partículas que llegan del exterior, y que entran por los polos norte y sur dando lugar a las auroras boreales y australes. Cuando el plasma choca con nuestra atmósfera se disipa en los polos formando esas auroras.

 

Aurora boreal en los polos, plasma solar

Autor: Noel Bauza. Fuente: pixabay.com

 

Un pulso electromagnético que no pudiera ser canalizado y disuelto por nuestro campo, sí afectaría a nuestra tecnología. Ésta, afortunadamente, es cada vez más robusta y, al mismo tiempo, estos fenómenos se comprenden mejor. La principal preocupación no es que una erupción de plasma acabe con la vida en la tierra, sino que el colapso de nuestra tecnología supondría billones de dólares en pérdidas y posteriores inversiones destinadas a normalizar la situación.

 

El Observatorio del Clima Espacial clarifica, en su página de Facebook [2], qué consecuencias puede tener una erupción solar si sus efectos se hacen sentir. También deja muy claro qué pasaría o no en caso de una erupción solar crítica para nuestro planeta. Te recomendamos vivamente que lo leas [3].


 

El Norte, mejor protegido

 

Algunos países, especialmente los nórdicos en Europa, y Canadá y EEUU en Norteamérica, más influidos por estos fenómenos por su proximidad al Polo Norte, han definido planes destinados a paliar los efectos de una intensa eyección solar. Lo hemos visto recientemente en EEUU. Una orden ejecutiva firmada por el presidente Obama [4] se convirtió en noticia porque su contenido se interpretó con ese sesgo espectacular y tremendista que atrae visitas. En realidad, el objetivo de la orden, que sería un decreto en España, es coordinar a la sociedad civil, a las empresas y a los responsables públicos ante un evento así, y formaba parte de la actividad típica del final de un mandato: cerrar los asuntos pendientes.

 

Tormenta solar plan de emergencia de la Casa Blanca

Fuente: the WHITEHOUSE, http://bit.ly/2nWrOJV.

“El mensaje que nos gustaría trasladar, porque nos sentimos en la obligación de advertir de un peligro potencial a 40, 50 años vista”, explica Socas-Navarro, “es que nuestros responsables políticos deben activar los mecanismos necesarios para afrontar un evento de este tipo, porque tendrá lugar. Pero no caigamos en una dinámica apocalíptica de extinción de la vida, eso es totalmente falso. Yo siempre pongo el ejemplo de Canarias, donde convivimos con volcanes que están siendo observados. Contamos con planes de contingencia que se activarían si fuera necesario, porque sabemos que cada 100 años hay una erupción volcánica, pero esto no afecta a nuestra vida diaria. Lo mismo sucede con las erupciones solares, es necesaria una planificación específica, pero la actividad solar no debe influir en el día a día de la sociedad”.

 

SUMARIO: “No caigamos en una dinámica apocalíptica de extinción de la vida, eso es totalmente falso.” Hector Socas-Navarro, IAC

 

Estos planes cuentan con un enorme apoyo por parte de los científicos, que monitorizan la actividad solar gracias a los satélites, que lo observan con cadencias de segundos durante las 24 horas del día. “El problema”, explica Socas “es que aún no somos capaces de predecirlas porque estamos en el proceso de comprender su física y cómo dan lugar a las erupciones. El “proyectil” de plasma que expulsa el sol también es observable, se desplaza a miles de kilómetros por segundo pero el sol está muy lejos; contamos con uno o días de plazo hasta que impacte. Lo único que ahora puede hacerse es desconectar satélites y todo aquello que pueda sufrir daño. Los satélites más modernos se apantallan y protegen, dejando de funcionar, así que los que podrían sufrir desperfectos son los más antiguos”.

 

Un fenómeno intenso que impacte en el planeta desactivaría gran parte de la red eléctrica. Se verían afectados los abastecimientos de agua, luz y el transporte; las comunicaciones, los sistemas GPS, el tráfico aéreo, los aparatos conectados a la red, la actividad pública y privada y, por ende, todo aquello en que nos apoyamos para nuestro día a día.

 

SUMARIO: “Un apagón extremo en EEUU, que afectara al 66% de su población, supondría una pérdida de 41.400 millones de dólares diarios, más 7.000 millones por daños en la cadena internacional de suministro”

 

La Administración de EEUU es una de las más avanzadas en el estudio de las consecuencias de un fenómeno de este tipo. En enero se publicó un informe [5] realizado por investigadores del Centro de Estudios del Riesgo, de la Judge Business School, de la Universidad de Cambridge; British Antarctic Survey; British Geological Survey y University de Cape Town.

 

Los estudios anteriores se centraban en el coste económico que supondría en el área directamente impactada, sin tener en cuenta la pérdida indirecta provocada por el evento en las zonas no directamente afectadas, tanto nacionales como internacionales.

 

Según este análisis, “en promedio, el costo económico directo representa sólo el 49 por ciento del costo macroeconómico potencial total". Un apagón extremo, que afectara al 66 por ciento de la población estadounidense, supondría una pérdida diaria de 41.500 millones de dólares, a la que se sumarían 7.000 millones de dólares procedentes de los daños sufridos en la cadena de suministro internacional [6].

 

Desconocemos tanto la actividad solar como sus consecuencias en nuestro planeta ya que unos expertos creen que las interrupciones de los servicios serían de horas o días, en tanto que otros creen que durarían semanas o meses.



 

Europa no está preparada

El Centro de Investigación Conjunta (Joint Reasearch Centre) de la Comisión Europea acaba de publicar su informe "Clima Espacial e Infraestructuras Críticas: Hallazgos y Perspectiva" [7]. En él reconoce que el clima espacial puede afectar a nuestras infraestructuras, tanto espaciales como en tierra, gravemente hasta sobrepasar las capacidades de una única nación.

 

A finales de 2016 se celebró la cumbre “Space Weather and Critical Infrastructures”, a la que asistieron cerca de 50 representantes de operadores europeos de infraestructuras, reguladores, expertos en respuesta ante crisis, la Agencia Espacial Europea, National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), el Departamento de Estado de EEUU, el US Science and Technology Policy Institute, la NASA y la Comisión Europea.

 

El informe, en sus primeras páginas, detalla conclusiones que dejan en evidencia que Europa carece de metodologías, protocolos, herramientas, planes conjuntos o coordinación ante una situación crítica provocada por cualquier fenómeno de clima espacial.

 

Es especialmente preocupante el que no exista ningún plan dirigido a paliar las consecuencias de un pulso electromagnético, ya sea natural o artificial (EMP), sobre las centrales nucleares europeas.

 

Planeta tierra de noche. Luz en Europa

Autor: Alexander Antropov. Fuente: pixabay.com

 

España y los fenómenos de baja probabilidad y muy alto impacto

 

La Asociación Española de Protección Civil para el Clima Espacial, el EMP y los Eventos Black Swan (AEPCCE) inicia su operativa en abril de 2011 y es la primera organización en España que realiza un seguimiento diario de los fenómenos solares para la protección civil. La organización, presidida por Miguel Ángel Rodríguez, Técnico Superior de Protección Civil y Máster en Protección Civil y Planes de Autoprotección, está formada por voluntarios procedentes de la misma área de toda España.

 

Su Observatorio del Clima Espacial [2] monitoriza la actividad en el espacio exterior con fines preventivos para proteger a las personas, el medio ambiente y las infraestructuras. Así, mantiene canales informativos con la Dirección General de Protección Civil y Emergencias, a quien informa sobre la actividad internacional. También realiza labores de divulgación cooperando con medios informativos y a través de su página en Facebook, donde cuenta con cerca de 30.000 seguidores del mundo hispanohablante.

 

“En España la competencia de Protección Civil es compartida por el Estado central y las Autonomías, aunque en materia de autoprotección también son competentes los ayuntamientos. El alcalde es la más alta autoridad jerárquica de protección civil en el plano local, en caso de emergencia”, explica Miguel Ángel Rodríguez. “Nuestro planteamiento de trabajo”, añade, “es que debido a este grado de descentralización la actuación ha de ser compartida igualmente para una prevención/mitigación más eficaz de los posibles efectos de un fenómeno de este tipo”.

 

España carece de un plan para coordinar a las fuerzas sociales públicas y privadas, y para recuperar el suministro eléctrico en caso de sufrir un pulso electromagnético intenso. Por ello, la AEPCCC está actuando, mediante los canales oficiales, ante los alcaldes de 70 poblaciones españolas, aquellas que tienen más de 100.000 habitantes, dada la especial vulnerabilidad de los núcleos urbanos ante las emergencias de tipo HILF (“High-impact Low-frequency events", fenómenos de baja probabilidad pero de muy alto impacto).

 

Esta iniciativa supondría la revisión y mejora de las actuales condiciones preventivas. El objetivo es crear mesas de trabajo compuestas por los representantes de los grupos políticos municipales, técnicos y asesores, para concienciar e implicar a todas las instancias públicas que posean competencias de autoprotección ante estos fenómenos. También se pretende una coordinación que palíe las carencias de unas administraciones activando el soporte desde otras. El efecto sería reforzar la autoprotección desde todas las instancias y de forma coordinada: local, autonómica, nacional y europea.

 

Además, la AEPCCE mantiene acciones ante los parlamentos autonómicos, la Comisión Mixta Congreso-Senado de Seguridad Nacional y el Parlamento Europeo, en su afán de articular acciones específicas e informadas para afrontar un evento de este tipo.

 

Miguel Ángel Rodríguez explica que “llevamos años trabajando para que este riesgo se entienda y se prevenga en sus justos términos, frente a dos enfoques viciados opuestos e igualmente contraproducentes: uno es el alarmismo absurdo ligado a teorías fantasiosas como tsunamis o eventos inexistentes que detonan smartphones, entre otros. El otro enfoque es el negacionismo a ultranza, habitualmente esgrimido por personas que carecen de formación en protección civil o prevención de riesgos. Ambos dañan la prevención, son igualmente irracionales y carecen de justificación. Es como afirmar que el riesgo sísmico en una zona de falla geológica no existe sólo porque no nos gusta o porque nos asusta”.

Aunque el riesgo es bajo, con una probabilidad de entre el 1 y el 12 por ciento cada diez años, según las diferentes fuentes, el impacto sería altísimo y no estaríamos preparados, en absoluto, para afrontarlo.


 

¿Qué es, realmente, una erupción solar? (hasta donde sabemos)

 

Las erupciones solares son “la vida cotidiana” en nuestra estrella. Su fotosfera, la superficie, tiene una temperatura de 6.000 grados centígrados. Si te parece elevada, dejará de serlo cuando sepas que su núcleo alcanza los 15 millones de grados.

 

Sol y sus capas. Manchas solares, nucleo etc...

 

Como ya hemos dicho, se trata de un fenómeno natural y habitual, no tiene nada de excepcional. Su origen está en la compleja interacción que se produce entre el campo magnético de la estrella y el plasma que la compone, una sustancia con propiedades eléctricas y campos magnéticos potentes. “Todavía no entendemos bien la interacción que existe entre estos magnetismos”, explica Socas-Navarro, “de hecho, hay toda una rama de estudio de la Física, la Magnetohidrodinámica, centrada en estudiar cómo actúan los plasmas con los campos magnéticos”.

 

La actividad solar, hoy por hoy, es impredecible. El sol registra procesos explosivos de gran intensidad en su superficie que provocan cambios en el campo magnético hasta el punto de expulsar grandes masas de plasma al espacio. Son como “proyectiles” electromagnéticos que pueden llegar a golpear a otros planetas y, también, a los satélites que, además, no cuentan con ningún campo magnético que los proteja.

 

 

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